Por Ivan Aquino18 Jul, 20257 minutos de lectura 210 vistas
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La narrativa dominicana de los años 60 y 70 se caracteriza por el realismo social, la crítica política y la búsqueda de nuevas formas expresivas. Autores como Pedro Peix y Andrés L. Mateo emergen como figuras clave en la revalorización literaria de este periodo.
Las décadas de 1960 y 1970 marcaron una ruptura profunda en la literatura dominicana, especialmente en la narrativa. Tras el asesinato de Rafael Leónidas Trujillo en 1961, el país vivió una efervescencia política y social que se reflejó en las letras. La narrativa dejó atrás el costumbrismo rural y abrazó el realismo social, el compromiso ideológico y la exploración urbana como nuevos ejes temáticos.
📖 Pedro Peix y Andrés L. Mateo: dos miradas críticas Autores como Pedro Peix, con obras como La noche de los bufones blancos, y Andrés L. Mateo, con novelas que abordan la memoria histórica y la identidad nacional, se consolidaron como referentes de una generación que usó la literatura como herramienta de denuncia y reflexión.
🗣️ Compromiso y forma La narrativa de este periodo no solo se enfocó en el contenido político, sino también en la experimentación formal. Escritores como René del Risco Bermúdez, Miguel Alfonseca, Jennette Miller y Marcio Veloz Maggiolo buscaron nuevas estructuras narrativas que rompieran con la tradición y reflejaran la complejidad del momento histórico.
🎭 Grupos literarios y militancia El surgimiento de agrupaciones como La Máscara, El Puño y La Isla permitió articular esfuerzos entre escritores comprometidos con las luchas sociales y culturales. Estas colectividades promovieron concursos, publicaciones y debates que dinamizaron el campo literario dominicano.
📚 Temas recurrentes
La dictadura y sus secuelas
La guerra civil de 1965
La vida urbana y la marginalidad
La búsqueda de identidad nacional
El papel del intelectual en tiempos de crisis
🔍 Revalorización actual Hoy, la obra de estos autores es objeto de estudio y reedición, reconociendo su papel en la construcción de una literatura crítica y transformadora. Su legado sigue inspirando a nuevas generaciones que ven en la narrativa un espacio para pensar el país desde sus heridas y esperanzas.
En 1966, Sheila Fitzpatrick, una joven investigadora australiana, llega a Moscú para acceder a archivos restringidos durante la Guerra Fría. Sus memorias narran las dificultades de la investigación bajo vigilancia constante, con anécdotas personales sobre la vida soviética posestalinista.
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A cuatro décadas de su partida, el autor mexicano sigue influyendo en la narrativa hispanoamericana con solo dos libros que capturan la desolación rural y un estilo precursor del realismo mágico. Su obra, marcada por la violencia y la ausencia, dialoga con contemporáneos como Cortázar y García Márquez en la fusión de lo real y lo fantástico.