En el 135 aniversario de su nacimiento, una evocación al máximo ídolo del tango, cuya voz inconfundible sigue resonando en todo el mundo hispanohablante.
Carlos Gardel nació como Charles Romuald Gardès en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890. Hijo de Berthe Gardès, una madre soltera con el oficio de planchadora, llegó a Buenos Aires con apenas dos años y medio, en febrero de 1893. La madre, buscando un futuro mejor, se instaló en el barrio del Abasto —llamado así porque en la avenida Corrientes funcionaba el antiguo mercado central— corazón popular de la ciudad.
Aunque esta es la versión más aceptada hoy por los historiadores, algunos sostienen la teoría de que en realidad nació en Tacuarembó, Uruguay, después de que su madre llegara a ese país desde Francia, y desde donde se iría pocos años después para finalmente radicarse en Buenos Aires.
Allí el pequeño Charles se transformó en Carlitos Gardel, criollo de ley. Creció entre conventillos, carreras de sortija y las primeras guitarras de los patios porteños. Estudió poco, trabajó como aprendiz de tipógrafo y peón de decorador teatral, pero pronto su voz y carisma lo llevaron a los escenarios.
Sus primeros pasos en el cantar popular
Hacia 1911, con apenas 20 años, empezó a cantar en bares y clubes sociales, acompañado por guitarristas del barrio. Su primer compañero estable fue el uruguayo José Razzano, con quien formó el célebre Dúo Gardel-Razzano en 1917. Juntos recorrieron teatros, cafés y radios de Argentina, Uruguay. Luego vendría incluso alguna gira por España.
Aunque al principio interpretaban estilos criollos, payadas y canciones camperas, típicas del folklore gaucho, un hecho cambió todo: en 1917 Gardel grabó por primera vez un tango canción, “Mi noche triste”, de los compositores Pascual Contursi y Samuel Castriota. Fue un éxito fulminante y marcó el nacimiento del tango-canción moderno.
La consagración como solista y estrella de cine
Tras la separación del dúo en 1933 —Razzano perdió la voz—, Gardel se lanzó como solista y conquistó el mundo. En 1931 viajó a París y triunfó en la radio y el teatro. Luego llegó Hollywood: entre 1934 y 1935 protagonizó varias películas para la Paramount, dirigidas por directores franceses en los estudios de Joinville y Nueva York. Títulos como Cuesta abajo, El tango en Broadway y El día que me quieras lo convirtieron en el primer galán latino del cine sonoro.
Su estilo elegante, la sonrisa eterna y esa forma única de frasear —“como si acariciara las palabras”, según decían— lo transformaron en ídolo masivo. Para ese entonces, Carlos Gardel ya era conocido con el apodo de "El Zorzal Criollo".
La gira fatal
En 1935 emprendió una extensa gira por América Latina. Tras pasar por Puerto Rico, Venezuela, Aruba, Curazao, llega a Medellín, Colombia, el 24 de junio de 1935. Esa tarde, en el aeropuerto Olaya Herrera, el avión Ford Trimotor de la compañía SACO, al despegar con destino a Cali, se desvió en plena pista e impactó contra otra aeronave. Viajaban Gardel, su poeta letrista Alfredo Le Pera y sus guitarristas Guillermo Barbieri, José María Aguilar y Ángel Domingo Riverol.
El incendio de la aeronave fue inmediato. Carlos Gardel murió a los 44 años, junto a Le Pera y la mayoría de sus acompañantes. Solo sobrevivieron algunos músicos que viajaban en la cola del avión.
Premonitoriamente, un folleto que había sido impreso en Bogotá unos días antes por un empresario teatral para promocionar las actuaciones en esa capital, llevaba el título “Últimos días de Carlos Gardel".
Un legado que no envejece
La tragedia conmovió al mundo y dio origen al mito: cada día, según la leyenda, Gardel canta mejor. Sus más de 900 grabaciones, sus películas y esa voz que parece detener el tiempo mantienen vivo al “Morocho del Abasto”.
A 135 años de su nacimiento, y aunque él nunca haya vuelto a ver a su "Buenos Aires querido”, su sonrisa sigue iluminando el tango y la memoria colectiva del mundo hispano.
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