A diez años de su muerte, Leonard Cohen permanece como una de las voces más singulares e influyentes de la canción contemporánea. Poeta, novelista, compositor e intérprete, el artista canadiense construyó una obra profundamente personal, marcada por el amor, la soledad, la espiritualidad, el deseo y las contradicciones de la existencia humana.
Leonard Norman Cohen nació el 21 de septiembre de 1934 en Montreal, Canadá. Su trayectoria artística recorrió más de cinco décadas y abarcó la literatura, la música y la poesía, disciplinas que en su caso nunca estuvieron separadas. Antes de convertirse en uno de los cantautores más respetados de su generación, ya había conseguido reconocimiento como escritor, con publicaciones que llamaron la atención por su sensibilidad, su ironía y su mirada introspectiva.
Falleció el 7 de noviembre de 2016, a los 82 años, en Los Ángeles, California. Su desaparición dejó un vacío considerable en la música y la literatura contemporáneas, aunque su legado permanece extraordinariamente vivo.
Cohen no fue un cantante convencional. Su voz, profunda, áspera y deliberadamente contenida, carecía de los recursos habituales de los grandes intérpretes vocales. Sin embargo, poseía una cualidad difícil de imitar: parecía hablar directamente al oyente, como si cada canción fuera una confidencia. En sus composiciones, la música servía de vehículo a una poesía que abordaba tanto las emociones más íntimas como las grandes preguntas de la condición humana.
Con aires del Mediterráneo: el nacimiento de un poeta
Cohen creció en una familia judía de clase media. Su padre, Nathan Cohen, propietario de un negocio textil, falleció cuando Leonard tenía nueve años. Su madre, Masha Klonitsky, de ascendencia lituana, desempeñó un papel importante en su formación cultural y espiritual.
Estudió Literatura Inglesa en la Universidad McGill de Montreal, donde comenzó a destacar como poeta. En 1956 publicó su primer libro, Let Us Compare Mythologies, cuando todavía era estudiante. Posteriormente aparecieronThe Spice-Box of Earth(1961) y Flowers for Hitler(1964), poemarios que consolidaron su reputación dentro de los círculos literarios canadienses.
En 1963 publicó su primera novela, The Favourite Game, una narración autobiográfica sobre la formación sentimental y artística de un joven escritor. Tres años después llegó Beautiful Losers, una obra experimental y provocadora que recibió elogios de la crítica por su audacia literaria.
Durante buena parte de los años sesenta residió en la isla griega de Hydra, donde encontró un ambiente propicio para la escritura y una vida alejada de las convenciones sociales. Allí desarrolló una parte importante de su producción literaria y conoció a Marianne Ihlen, una mujer noruega que se convirtió en una de las figuras sentimentales más importantes de su vida.
La relación inspiró algunas de sus canciones más conocidas, especialmente So Long, Marianne, una despedida musical cargada de nostalgia que permanecería ligada a la historia personal de ambos.
El salto a la música y una voz inconfundible
Aunque desde joven había aprendido a tocar la guitarra y experimentado con la música, fue durante su estancia en Nueva York cuando decidió orientar su carrera hacia la composición y la interpretación. En 1967 publicó Songs of Leonard Cohen, su primer álbum, que lo presentó ante el público internacional como un cantautor de personalidad singular.
El disco incluía Suzanne, una de sus composiciones más emblemáticas, además de So Long, Marianney Sisters of Mercy. Su propuesta se distanciaba del sonido más convencional de la canción popular: predominaban los arreglos acústicos, las melodías sobrias y unas letras que parecían extraídas de un libro de poesía.
Su voz de barítono, profunda y áspera, terminó convirtiéndose en una de sus principales señas de identidad. No necesitaba grandes recursos vocales para transmitir emociones. Su interpretación reposada, casi conversacional, encontraba en la palabra el instrumento más poderoso.
En los años siguientes publicó una sucesión de discos que ampliaron su prestigio. Su música abordaba el amor y el erotismo, pero también la religión, la culpa, la política, la guerra, la soledad y la búsqueda de redención. La tradición judía en la que había sido educado convivía con referencias cristianas y budistas, además de una permanente curiosidad por las grandes tradiciones espirituales.
En 1977 protagonizó una experiencia musical muy diferente con Death of a Ladies' Man, álbum producido y coescrito junto a Phil Spector. La exuberante producción, con grandes arreglos orquestales y coros, contrastaba con la austeridad que había caracterizado sus primeros trabajos.
A mediados de los años ochenta alcanzó una nueva dimensión artística. En 1984 publicóVarious Positions, que contenía Hallelujah, canción que inicialmente no obtuvo una gran repercusión comercial, pero que con el tiempo se convirtió en una de las composiciones más interpretadas de la música contemporánea.
La versión de Jeff Buckley, publicada en 1994, contribuyó especialmente a su difusión internacional. Desde entonces, artistas de estilos muy diversos han grabado sus propias interpretaciones.
Espiritualidad, retiro y regreso a los escenarios
A comienzos de los años noventa, Cohen comenzó a alejarse progresivamente de la vida pública. En 1994 ingresó en el Centro Zen de Mount Baldy, en California, donde permaneció durante varios años bajo la orientación del maestro budista Joshu Sasaki. En 1996 fue ordenado monje zen y adoptó el nombre de Jikan, que suele traducirse como «el silencioso».
Aquella experiencia no significó un abandono de su identidad judía ni de su obra anterior. Más bien representó una etapa de introspección y búsqueda espiritual que influyó en su manera de entender la vida, el sufrimiento y la creación artística.
Regresó gradualmente al mundo musical a finales de los noventa y en 2001 publicó Ten New Songs, su primer álbum de estudio en casi una década. El disco mostró a un Cohen más reflexivo, acompañado por la producción y las colaboraciones vocales de Sharon Robinson.
En 2005 descubrió que su antigua representante, Kelley Lynch, había desviado importantes cantidades de dinero de sus cuentas. El conflicto judicial que siguió reveló que el artista había perdido buena parte de sus ahorros y de los recursos destinados a su jubilación.
A los 73 años decidió regresar a los escenarios para recuperar su estabilidad económica. La gira mundial iniciada en 2008 se convirtió, inesperadamente, en uno de los grandes acontecimientos de su última etapa artística. Su presencia escénica, la calidad de sus músicos y la cercanía con el público recibieron elogios generalizados.
Durante aquellos recorridos internacionales ofreció actuaciones memorables y recuperó canciones de distintas épocas de su repertorio. La gira se prolongó hasta 2013 y confirmó que su capacidad interpretativa permanecía intacta.
En 2011 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, reconocimiento excepcional para un artista cuya obra había conseguido unir poesía y música con una personalidad absolutamente reconocible.
Algunos de sus álbumes más destacados
La discografía de Leonard Cohen comprende catorce álbumes de estudio publicados en vida. Varios de ellos figuran entre las grabaciones fundamentales de la canción de autor contemporánea. Estos son algunos de los más representativos:
Songs of Leonard Cohen (1967).Su debut discográfico y una de las grandes presentaciones de un cantautor en la década de los sesenta. Incluye Suzanne, So Long, Marianne, Sisters of Mercyy Hey, That's No Way to Say Goodbye. Es un álbum de sonido acústico, intimista y profundamente literario.
Songs from a Room (1969).Su segundo trabajo consolidó el estilo sobrio de sus primeras composiciones. Contiene Bird on the Wire, una de sus canciones más importantes, además de The Partisan, adaptación de una canción de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial.
Songs of Love and Hate (1971).Considerado por numerosos críticos entre sus mejores trabajos, presenta a un Cohen más oscuro y emocionalmente intenso. Incluye Famous Blue Raincoat, una extraordinaria composición epistolar sobre el amor, la traición y los recuerdos, junto a Joan of Arcy Avalanche.
New Skin for the Old Ceremony (1974).Representa una evolución en sus arreglos musicales, con mayor presencia instrumental y una sonoridad más elaborada. Entre sus canciones sobresalen Chelsea Hotel #2, inspirada en un encuentro con Janis Joplin, y Who by Fire, composición de profundas resonancias religiosas.
Various Positions (1984).Un disco fundamental en su trayectoria, principalmente por incluir Hallelujah, una canción que alcanzaría dimensiones universales con el paso del tiempo. También contiene Dance Me to the End of Love, una de sus composiciones románticas más celebradas.
I'm Your Man (1988).Supuso una transformación sonora importante, con sintetizadores, ritmos electrónicos y una producción más contemporánea. Incluye First We Take Manhattan, Everybody Knows, Tower of Songy el tema que da nombre al álbum. Es uno de sus trabajos más influyentes y accesibles para nuevas generaciones.
The Future (1992).Un álbum de tono sombrío y crítico, en el que Cohen reflexiona sobre la violencia, el deterioro social, la política y las contradicciones de la civilización moderna. Destacan la canción titular, Waiting for the Miracley Anthem, cuya letra contiene una de sus reflexiones más conocidas sobre la imperfección humana.
Old Ideas (2012).Después de casi ocho años sin publicar un álbum de estudio con material nuevo, Cohen regresó con una colección de canciones sobre el amor, la mortalidad, la espiritualidad y el paso del tiempo. Fue un éxito internacional y alcanzó las posiciones más altas de su carrera en numerosas listas musicales.
Popular Problems (2014).Publicado un día después de cumplir 80 años, contiene diez canciones que combinan blues, jazz, folk y arreglos electrónicos. Almost Like the Bluesy You Got Me Singingmuestran a un compositor que conservaba intacta su capacidad creativa.
You Want It Darker (2016).Su último álbum publicado en vida, apareció el 21 de octubre de 2016, apenas unas semanas antes de su fallecimiento. Producido por su hijo Adam Cohen, es una obra de profunda introspección, en la que la muerte, la fe, la aceptación y el balance de una existencia adquieren protagonismo. La canción que da título al disco, acompañada por el coro de la sinagoga Shaar Hashomayim de Montreal, constituye una despedida artística de enorme intensidad.
En 2019, su hijo Adam publicó Thanks for the Dance, un álbum póstumo construido a partir de grabaciones vocales y materiales musicales que Leonard había dejado preparados. El proyecto permitió escuchar nuevas composiciones y prolongó su presencia discográfica más allá de su muerte.
Últimos días y el adiós
Leonard Cohen falleció el 7 de noviembre de 2016 en su residencia de Los Ángeles, a los 82 años. La noticia fue comunicada públicamente tres días después, cuando su familia y sus representantes confirmaron la desaparición del artista.
Poco antes había publicado You Want It Darker, un trabajo que muchos interpretaron como una reflexión final sobre la vida y la proximidad de la muerte. En una entrevista concedida durante la promoción del disco había hablado abiertamente de su edad y de la posibilidad de despedirse, aunque también manifestó su intención de continuar trabajando.
Su fallecimiento provocó numerosas muestras de admiración y reconocimiento en el mundo de la música, la literatura y las artes. En enero de 2018 recibió póstumamente el premio Grammy a la mejor interpretación de rock por la canción You Want It Darker.
Un legado que ya pertenece a la cultura universal
La importancia de Leonard Cohen supera ampliamente los límites de la música popular. Fue un escritor que encontró en las canciones una nueva forma de expresión literaria y un músico que consiguió que sus composiciones fueran reconocidas por la profundidad de sus textos.
Su obra ha influido en generaciones de cantautores, poetas e intérpretes. Bob Dylan, Nick Cave, Patti Smith, Jeff Buckley y numerosos artistas han reconocido, desde distintas perspectivas, la importancia de su escritura y de su sensibilidad musical.
Fue incorporado al Salón de la Fama del Rock and Roll en 2008 y al Salón de la Fama de los Compositores en 2010. También recibió el Grammy a la Trayectoria en 2010 y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011.
Pero quizá su mayor reconocimiento sea la permanencia de sus canciones. Suzanne, Famous Blue Raincoat, Bird on the Wire, Dance Me to the End of Lovey, especialmente, Hallelujahcontinúan siendo interpretadas en conciertos, ceremonias y encuentros culturales de todo el mundo.
A diez años de su partida, Leonard Cohen sigue siendo ese poeta de voz profunda que supo encontrar belleza en las heridas, dignidad en la fragilidad y poesía en las contradicciones del ser humano. Su música no ofrecía respuestas sencillas: invitaba a escuchar, reflexionar y reconocer nuestra propia humanidad.
Leonard Cohen se marchó, pero dejó una obra que parece escrita para no desaparecer jamás.
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