Borges y la visita de Vargas Llosa: una anécdota poco conocida de los dos grandes literatos

Borges y la visita de Vargas Llosa: una anécdota poco conocida de los dos grandes literatos

En este año, cuando se cumplen 40 años del fallecimiento de Jorge Luis Borges, bien vale recordar una anécdota íntima y poco difundida que muestra cómo un detalle aparentemente menor puede herir la admiración entre dos colosos de la literatura latinoamericana.


 

La amistad y un encuentro en Buenos Aires

Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa mantuvieron una relación marcada por un respeto y admiración profundos, aunque asimétricos. Para Vargas Llosa, Borges era el escritor en lengua española más original del siglo XX: el inventor de una prosa donde cada palabra contenía una idea, el maestro de la precisión y la sugerencia. Lo había entrevistado por primera vez en París en 1964 y siempre lo consideró un faro estético.

Borges, a su vez, reconocía el talento del autor peruano, pero mantenía una distancia generacional y temperamental. En junio de 1981, Vargas Llosa volvió a entrevistarlo, esta vez en Buenos Aires, para su programa La Torre de Babel. El encuentro tuvo lugar en el pequeño apartamento donde Borges vivía, en la calle Maipu, en pleno centro de Buenos Aires. Era un tercer piso, y el edificio no tenía ascensor.

Vargas Llosa quedó genuinamente asombrado por la austeridad extrema del lugar. El apartamento era pequeño —dos dormitorios y una salita-comedor—, los muebles estaban envejecidos, las paredes mostraban algunas manchas de humedad y, lo más incómodo, había una gotera constante que caía justo sobre la mesa del comedor.

Para esas fechas, Borges vivía con su gata angora Beppo (nombre que había tomado del gato de Lord Byron) y una empleada que le servía de lazarillo, ya que a su edad, padecía una ceguera casi total.

Sorprendentemente, entre los pocos y selectos libros no había ni uno solo de su propia autoría. Como él mismo alguna vez explicara: “teniendo tanta buena literatura de autores de todo el mundo, no voy a perder tiempo en leer mis libros”.

 

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La charla

Durante la conversación, Vargas Llosa comentó directamente a Borges acerca de la sobriedad de su vivienda: “Vive usted prácticamente como un monje, su casa es de una enorme austeridad, su dormitorio parece la celda de un trapense”.

Borges respondió con elegante contención: “El lujo es algo inútil… me parece una vulgaridad”.

Al despedir a su visitante, el autor de El Aleph añadió: “Los caballeros argentinos no hacemos alarde de nuestro modo de vida”. La frase, cargada de orgullo criollo y velado reproche, aparentemente había sellado el malestar.

 

El artículo

Días después de la entrevista, Vargas Llosa publicó un artículo lleno de admiración y afecto, en el cual incluyó una descripción detallada —y lamentablemente no muy oportuna— de la vivienda:

“Borges vive en un apartamento de dos dormitorios y una salita comedor, en el centro de Buenos Aires, con un gato que se llama Beppo y una criada de la provincia de Salta, que le cocina y sirve también de lazarillo. Los muebles son pocos, están raídos y la humedad ha impreso ojeras oscuras en las paredes. Hay una gotera sobre la mesa del comedor.”

 

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La respuesta de Borges

La descripción no tardó en llegar a oídos de Borges. El viejo escritor, de natural irónico y susceptible respecto a su vida privada, se sintió profundamente ofendido. Consideró que Vargas Llosa había convertido lo que debió haber sido un encuentro literario en una mera inspección de su vivienda. Con su habitual sarcasmo filoso, comentó a sus allegados:

“Hace unos días me vino a visitar un tipo… era un peruano que debe trabajar en una inmobiliaria. No paraba de insistir en que me convenía mudarme porque el apartamento tenía goteras.”

 

La brecha fue definitiva. Aunque Vargas Llosa siguió profesando una admiración inquebrantable por la obra de Borges, nunca volvió a verlo en persona. Tuvo que esperar a visitar su tumba en el cementerio de Ginebra para sentir que cerraba aquel capítulo, varios años después.

En 2020, Mario Vargas Llosa publicó Medio siglo con Borges (editorial Alfaguara) en el que reúne artículos, conferencias, reseñas y notas que narró sobre el gran literato argentino. Incluye también las dos entrevistas que le hizo: la de París en 1964 y la aquí citada, en Buenos Aires en 1981.

Una gotera, una descripción sincera y la extrema sensibilidad de un genio bastaron para que dos grandes espíritus se distanciaran para siempre. Muchos años después, el autor peruano, Premio Nobel de Literatura 2010, recomendó —no sin cierto sarcasmo— que a la hora de escribir sobre personas a quien uno les tiene cariño o profundo respeto: “Cuando visiten casas de escritores, no miren al techo. Si lo hacen, no mencionen las goteras para que no haya conflictos con quienes ustedes admiran”.

 

 

 

 

 

Con información e imágenes de:

Infobae

El Nacional

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