Los gatos en el antiguo Egipto: ¿adoración o utilidad?

Los gatos en el antiguo Egipto: ¿adoración o utilidad?

Investigaciones arqueológicas y estudios históricos cuestionan la idea romántica de que los gatos eran adorados con afecto en el antiguo Egipto. En cambio, se revela un trato pragmático, religioso y funcional hacia estos felinos que actuaban como intermediarios divinos y controladores de plagas, sin lazos emocionales profundos.


 

Origen y domesticación de los gatos en Egipto

Los gatos fueron introducidos en el antiguo Egipto alrededor del 2000 a.C., probablemente desde el Cercano Oriente, y varias evidencias genéticas sugieren que su domesticación se inició hace unos 9.500 años. Inicialmente adoptados como predadores útiles para cazar roedores que amenazaban los graneros y propagaban enfermedades, su presencia se extendió desde hogares rurales hasta templos urbanos.

Hace unos años, durante unas excavaciones en Chipre, se encontraron evidencias que indican que la domesticación de gatos silvestres precedió a su llegada a Egipto, durante el Período Predinástico.

Con el tiempo, los felinos evolucionaron de meros controladores de plagas a símbolos de protección divina, y fueron siendo paulatinamente integrados en la vida cotidiana y ritual. Algunas pinturas encontradas en tumbas del Reino Nuevo muestran gatos bajo sillas de mujeres, comiendo carne o en compañía de gansos, lo que demuestra el rol doméstico que llegaron a tener.

 

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Asociación con la diosa Bastet

La conexión principal de los gatos con lo divino radicaba en Bastet, diosa inicialmente representada como leona y luego como gato doméstico, que encarnaba la fertilidad, la protección y el placer. Bastet poseía una naturaleza dual: maternal y violenta, asociada al sol y a la venganza. En la ciudad de Bubastis, un templo dedicado a ella atraía peregrinos que ofrecían momias felinas como votos por salud o prosperidad.

Los egipcios no adoraban directamente a los gatos, sino que los veían como manifestaciones de aspectos divinos. Por eso se cree que ciertos amuletos y joyas con formas felinas se usaban para atraer buena suerte, especialmente en partos. Estos animales llegaron a ser tan protegidos que matar un gato, incluso accidentalmente, podía conllevar la pena de muerte en épocas de auge del culto.

 

Prácticas rituales y momificación

Durante el Período Tardío (664-332 a.C.), en algunos templos se desarrolló una industria masiva de cría de gatos para sacrificios y momificaciones votivas. Millones de felinos eran criados, sacrificados —a menudo rompiéndoles el cuello— y momificados como ofrendas a Bastet, para interceder por favores divinos. En algunas necrópolis como Saqqara y Bubastis se han encontrado cementerios con miles de momias felinas, muchas de ellas en sarcófagos adornados.

Tras algunos análisis genéticos realizados en momias, se logró confirmar que pertenecían a gatos domésticos comunes en Egipto y Oriente Medio, con origen fechado entre 2.000 y 7.500 años antes de la momificación. Estas prácticas, aunque reverenciales, eran pragmáticas: los gatos actuaban como intermediarios, no como objetos de cariño sentimental.

 

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Desmitificando percepciones modernas

La imagen de gatos "adorados" con afecto refleja más sensibilidades contemporáneas que la realidad egipcia. Aunque protegidos por ley y vinculados a lo divino, su tratamiento combinaba utilidad contra plagas con roles rituales, sin evidencias de lazos emocionales como ocurre hoy con las mascotas. Heródoto ha descripto rituales de duelo por gatos fallecidos, pero estos sentimientos respondían a creencias religiosas, no a apego personal.

Este legado felino ilustra la cosmovisión politeísta egipcia, en la que los animales como gatos, halcones y cocodrilos encarnaban significados sagrados en un equilibrio entre lo humano y lo espiritual.

 

 

 

 

 

Con información e imágenes de:

History

Carnegie Museum

The Collector