La obra de Johannes Brahms, maestro del Romanticismo, se revela en composiciones que fusionan tradición clásica y emoción profunda. Conocer su genio sinfónico, concertante y coral, con obras desde intensas sinfonías hasta danzas vibrantes, permite entender su influencia en la música occidental.
Nacido en Hamburgo en 1833 en una familia modesta, Brahms inició su carrera como pianista en bares portuarios, tras haber estudiado con su padre y con el pianista y profesor alemán Eduard Marxsen. Su encuentro con Robert y Clara Schumann en 1853 impulsó su reconocimiento, aunque rechazó el rol de innovador, ya que prefirió mantener las formas clásicas. Se mudó a Viena y, desde 1869, compuso obras maestras, influenciado por Beethoven y Bach, y siempre manteniendo lazos profundos con Joachim y Clara Schumann.
A continuación, una reseña de cinco de sus obras más destacadas.
Sinfonía n.º 1 en Do menor, Op. 68
Compuesta entre 1855 y 1876, esta sinfonía representa el debut orquestal maduro de Brahms, tras años de gestación influida por el legado de Beethoven. En cuatro movimientos, inicia con un Un poco sostenuto — Allegro en Do menor, marcado por tensiones rítmicas y un desarrollo conceptual que evoca la lucha interna, para cerrar en un finale triunfal en Do mayor.
Su duración aproximada de 45 minutos y orquestación para dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, contrafagot, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, timbales y cuerdas, reflejan su amplitud emocional. Estrenada en Karlsruhe en 1876 bajo la dirección de Felix Otto Dessoff, fue apodada "la Décima de Beethoven" por sus ecos temáticos, aunque Brahms la defendió como una creación original.
Estructura y recepción
El primer movimiento destaca por su introducción solemne, mientras que el andante sostenuto ofrece lirismo contrastante. Su recepción inicial dividió opiniones, pero indudablemente ubicó a Brahms ya como heredero de la tradición sinfónica.
Sinfonía n.º 4 en Mi menor, Op. 98
Finalizada en 1885, esta obra en Mi menor encapsula la madurez de Brahms con un enfoque introspectivo y trágico, dividida en cuatro movimientos que duran unos 40 minutos. El allegro non troppo inicial presenta un tema melancólico, seguido de un andante moderato lírico, un allegro giocoso enérgico y un finale en forma de passacaglia con 32 variaciones sobre un bajo antiguo.
Fue orquestada para dos flautas (una doblando piccolo), dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, contrafagot, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, timbales, triángulo y cuerdas, y culmina en Mi menor sin resolución mayor, como un indicio de inevitabilidad y tristeza. Estrenada en Meiningen bajo la batuta del propio Brahms, fue elogiada por su profundidad, aunque algunos la vieron como pesimista.
Innovaciones temáticas
El uso del modo frigio en el finale añade un color arcaico, una especie de fusión de barroco con romanticismo, lo que la posiciona como una cima de su producción sinfónica.
Concierto para violín en Re mayor, Op. 77
Escrito en 1878 para el violinista y director de orquesta húngaro Joseph Joachim, este concierto en Re mayor fusiona virtuosismo y profundidad lírica en tres movimientos, con duración de unos 40 minutos. El allegro non troppo abre con una exposición orquestal extensa, seguida de un adagio meditativo y un allegro giocoso final con ritmos húngaros.
Orquestado para dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, cuatro trompas, dos trompetas, timbales, cuerdas y violín solista, destaca por su cadenza en el primer movimiento, compuesto por Joachim. Estrenado en Leipzig en 1879 con Brahms dirigiendo —e inicialmente criticado por su dificultad— se convirtió en un pilar del repertorio violinístico.
Colaboración con Joachim
La dedicación a su amigo violinista influyó en el diseño técnico y, más allá de la exigente partitura para el solista, logra una perfecta integración orquestal.
Danza húngara No. 5
Johannes Brahms compuso 21 Danzas húngaras (WoO 1), que fueron publicadas en 1879. La Nro. 5 en Fa sostenido menor (orquestada en Sol menor) es la más célebre, basada en temas folclóricos húngaros con influencias csárdás. La pieza alterna secciones alegres y vivaces, en los breves tres minutos de duración. Originalmente para piano a cuatro manos, su versión orquestal por Albert Parlow amplificó su popularidad, con instrumentación variable pero enfatizando cuerdas y vientos para ritmos irregulares y rubato. Inspirada en melodías de Béla Kéler, erróneamente consideradas tradicionales, se convirtió rápidamente en un éxito mundial.
Elementos folclóricos
Su vitalidad rítmica y paralelismos en terceras capturan el espíritu gitano, por lo que resulta una obra accesible y energizante, incluso para quien no conoce de música clásica.
Réquiem alemán, Op. 45
Compuesto entre 1865 y 1868, este réquiem en siete movimientos ofrece consuelo humano en lugar de liturgia tradicional, con una duración de unos 65 a 70 minutos. Basado en textos de la Biblia luterana, incluye coros como "Denn alles Fleisch ist wie Gras" y solos para soprano y barítono. Fue orquestado para piccolo, dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, contrafagot, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, tuba, timbales, arpa, órgano opcional, coro mixto y cuerdas. Curiosamente tuvo dos estrenos, el primero, parcial, en Bremen en 1868 y al año siguiente, la obra completa en Leipzig. En su pathós, Brahms ha sabido reflejar la pérdida que sufrió para esas fechas: su madre había fallecido en 1865.
Mensaje universal
Enfocado en el duelo y la esperanza, trasciende confines religiosos, para llegar a ser considerada una obra de sanación espiritual.
Johannes Brahms falleció el 3 de marzo de 1897 en Viena, Austria, a los 63 años.
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