Más de ocho siglos de historia
Las Fiestas de San Fermín se celebran cada año entre el 6 y el 14 de julio en Pamplona , en honor a San Fermín , considerado el primer obispo de la región y una de las figuras religiosas más veneradas del norte de España.
Aunque el origen religioso de la celebración se remonta a la Edad Media, con el paso de los siglos se fusionó con antiguas ferias comerciales y festejos taurinos hasta dar lugar a la fiesta que hoy conoce el mundo.
El momento que marca oficialmente el inicio de las celebraciones es el Chupinazo, un cohete lanzado desde el balcón del Ayuntamiento al mediodía del 6 de julio. En cuestión de segundos, la plaza se convierte en un mar de pañuelos rojos, música, cánticos y alegría colectiva.
Durante nueve días, Pamplona prácticamente no duerme. Las calles se llenan de comparsas, gigantes y cabezudos, conciertos, bandas musicales, actividades infantiles y celebraciones populares que atraen a cientos de miles de visitantes procedentes de todos los continentes.

El encierro: cinco minutos que han dado la vuelta al mundo
Si existe una imagen inseparable de San Fermín es la del encierro.
Cada mañana, a las ocho en punto, seis toros bravos y varios cabestros recorren aproximadamente 875 metros desde los corrales de Santo Domingo hasta la plaza de toros de Pamplona.
Delante de ellos corren cientos, y en ocasiones miles, de personas que intentan mantenerse unos segundos frente a los animales antes de apartarse para dejarlos pasar.
La carrera suele durar entre dos y cuatro minutos, aunque algunos encierros se prolongan más cuando uno de los toros se rezaga o se desorienta.
Las imágenes, transmitidas en directo por televisión a numerosos países, muestran una mezcla de emoción, tensión y riesgo difícil de encontrar en cualquier otro acontecimiento popular.
Tradicional, atractiva y… riesgosa
La espectacularidad del encierro no debe ocultar una realidad: es una actividad que entraña cierto peligro, sobre todo para los que la desconocen, generalmente turistas.
Cada año se registran decenas de heridos por caídas, golpes o contusiones provocadas por las aglomeraciones. En algunos casos, los corredores son alcanzados y corneados por los toros.
Desde que existen registros modernos, dieciséis personas han perdido la vida durante los encierros, la última de ellas en 2009.
Las autoridades navarras insisten constantemente en que participar exige una excelente condición física, conocer perfectamente el recorrido, respetar estrictamente las normas establecidas… y un par de piernas que les permita correr a velocidad.

Sin embargo, no siempre se dan esos casos. Cada edición deja imágenes de turistas que intentan correr sin experiencia, algunos de ellos distraídos tomando fotografías, grabando videos con sus teléfonos móviles o incluso bajo los efectos del alcohol. Ese exceso de confianza suele terminar en accidentes que obligan a intervenir rápidamente a los servicios médicos.
Por esa razón está prohibido correr con mochilas, cámaras voluminosas o cualquier objeto que pueda poner en riesgo tanto al propio corredor como a quienes participan junto a él.
Mucho más que toros
Aunque los encierros acaparan la atención internacional, representan solo una pequeña parte de los sanfermines. Durante las fiestas se celebran procesiones religiosas, espectáculos de fuegos artificiales, conciertos de música, danzas tradicionales navarras, competiciones deportivas y actividades culturales para todas las edades.
La gastronomía también ocupa un lugar destacado. Bares y restaurantes ofrecen especialidades como los pintxos, el cordero al chilindrón, el bacalao al ajoarriero y los vinos de Navarra, que forman parte inseparable del ambiente festivo.
Para muchos habitantes de Pamplona, el verdadero espíritu de San Fermín reside precisamente en esa convivencia entre tradición religiosa, cultura popular y celebración ciudadana.
El escritor que dio fama mundial a San Fermín
Si existe una personalidad internacional asociada para siempre con San Fermín es Ernest Hemingway . El novelista descubrió la fiesta en 1923 y quedó profundamente fascinado por el ambiente de Pamplona, la pasión de los encierros y la cultura taurina española.
Aquellas experiencias inspiraron su primera gran novela, Fiesta (The Sun Also Rises), publicada en 1926.
El éxito internacional del libro convirtió a San Fermín en un fenómeno conocido mucho más allá de España y despertó la curiosidad de miles de viajeros que comenzaron a visitar Pamplona atraídos por las descripciones del escritor.

Hemingway regresó en numerosas ocasiones a la ciudad y mantuvo una estrecha amistad con toreros, periodistas y aficionados. Hoy una escultura en su honor recuerda esa relación junto al histórico Café Iruña , uno de sus lugares predilectos.
También figuras como Orson Welles , gran aficionado a la tauromaquia, visitaron con frecuencia las plazas españolas y contribuyeron a proyectar internacionalmente esta tradición, aunque ninguna personalidad dejó una huella tan profunda en Pamplona como Hemingway.
Entre la admiración y la controversia
Como ocurre con otras tradiciones centenarias, San Fermín también genera debate. Mientras muchos defienden su valor histórico y cultural como una de las expresiones más representativas de Navarra, organizaciones defensoras de los animales cuestionan los festejos taurinos y promueven alternativas sin participación de toros.
Ese contraste forma parte de una discusión más amplia que atraviesa distintas regiones de España y que enfrenta la preservación de determinadas costumbres con nuevas sensibilidades sobre el bienestar animal.
Más allá de esa controversia, cada encierro continúa despertando una enorme atención internacional y todos los años se reúnen periodistas, fotógrafos y turistas de decenas de países.

Celebración única en el mundo
Para quien solo conoce San Fermín a través de las imágenes televisivas, la impresión inicial suele reducirse a un grupo de personas huyendo de varios toros por calles estrechas.
Sin embargo, detrás de esos pocos minutos de carrera existe una celebración con siglos de historia, profundamente ligada a la identidad de Pamplona y a las tradiciones de Navarra.
Entre la emoción, el respeto por una costumbre centenaria y el evidente riesgo que implica enfrentarse a animales de más de quinientos kilos, San Fermín sigue siendo una de las fiestas populares más singulares del planeta. Quizá por eso continúa fascinando a millones de personas, ya sea desde una barrera, una pantalla de televisión... o, para los más valientes, desde el mismísimo empedrado de las calles.
Con información e imágenes de:
Pamplona Actual
El País
World Atlas
Britannica