El poeta nicaragüense que revolucionó la literatura hispana con el modernismo nació en 1867, y en su obra fusionó influencias francesas con temas indígenas. Hizo escuela en poesía y periodismo e inspiró a generaciones. Fallecido en 1916, su genialidad perdura en versos de belleza y nostálgica profundidad.
Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, vio la luz el 18 de enero de 1867 en Metapa, Nicaragua, hoy rebautizada Ciudad Darío en su honor. Criado por sus abuelos tras la separación de sus padres, mostró un talento precoz para la poesía, y muy pronto —con tan solo 12 años— se ganó el apodo de “niño poeta”.
Apenas en su adolescencia, a los 14, ya publicaba en periódicos locales, y su primera colección, aunque no editada formalmente, revelaba una madurez inusual. En 1886, dejó Nicaragua rumbo a El Salvador y posteriormente emigró a Chile, donde inició una vida nómada marcada por la diplomacia y el periodismo.
Trayectoria literaria y diplomática
Darío se convirtió en el fundador del modernismohispanoamericano, movimiento que introdujo innovaciones métricas, imágenes exóticas y un énfasis en la belleza estética, influido por el simbolismo francés. Su obra cumbre, Azul... (1888), publicada en Chile, marcó un punto de inflexión con sus prosas y versos que exploraban lo erótico y lo espiritual. Le siguieron Prosas profanas y otros poemas (1896), obras en las que se aprecia su maestría en el lenguaje, y Cantos de vida y esperanza (1905), que incorpora reflexiones políticas, como en su crítica al imperialismo en "A Roosevelt".
Versos emblemáticos
En Lo fatal, Darío medita sobre la existencia con líneas como:
"Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente".
Otro clásico, Sonatina, evoca melancolía:
"La princesa está triste… ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color".
Y en A Margarita Debayle, narra con ternura:
"Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento".
Últimos años y su legado histórico
A lo largo de su vida, Darío ejerció como diplomático en Argentina, España y Francia, pero enfrentó penurias económicas y problemas de alcoholismo. En 1914, el estallido de la Primera Guerra Mundial lo obligó a dejar Europa; llegó a Nueva York enfermo y regresó a Nicaragua, donde falleció el 6 de febrero de 1916 en León, a los 49 años, por cirrosis hepática.
Su influencia perdura en autores como Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Octavio Paz, y ha sido considerado por muchos de sus sucesores como el "príncipe de las letras castellanas". Hoy, en su aniversario luctuoso, Nicaragua y el mundo hispano conmemoran su aporte a la renovación poética.
El festival literario comenzará el 19 de octubre en la UASD y reunirá a destacados poetas de América, Europa y el Caribe, junto a decenas de escritores dominicanos, en una programación que se extenderá hasta el día 24.
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