Angurria lleva la identidad dominicana a las alturas de Nueva York con un mural de tamaño épico

Angurria lleva la identidad dominicana a las alturas de Nueva York con un mural de tamaño épico

El artista visual dominicano Néstor Omar García, conocido como Angurria, ha llevado una de las imágenes más reconocibles de la cultura popular quisqueyana hasta la fachada de una torre de viviendas en el sur del Bronx. La obra rinde homenaje a las familias latinas que han contribuido a construir la identidad de Nueva York.


 

Tradición dominicana en pleno Bronx

Lo que durante años fue una escena cotidiana en los barrios dominicanos —una mujer con el cabello lleno de rolos, preparada para continuar su jornada después de pasar por el salón de belleza— se ha convertido en una imagen monumental que ahora domina el paisaje urbano del Bronx.

La obra de Angurria, uno de los artistas dominicanos que han encontrado en la cultura popular una fuente inagotable de inspiración, demuestra cómo una imagen familiar puede trascender su contexto original y adquirir una dimensión universal. En este caso, la figura de una mujer dominicana se convierte en símbolo de memoria, pertenencia y reconocimiento para las comunidades inmigrantes que han contribuido a transformar Nueva York.

El mural está situado en Morrisania Air Rights Houses, un complejo residencial de viviendas públicas administrado por la Autoridad de la Vivienda de la Ciudad de Nueva York (NYCHA), en las inmediaciones de East 158th Street y Park Avenue. La intervención cubre una de las fachadas de una torre de 29 plantas en el sur del Bronx.

 

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Las primeras informaciones publicadas durante la ejecución de la obra situaban su altura por encima de los 260 pies, unos 79 metros. Sin embargo, el anuncio de su presentación oficial, divulgado el 28 de octubre, la cifra en más de 307 pies, aproximadamente 94 metros. Los organizadores la identifican como la pintura mural más alta del país.

 

Un MAR de Gente: una historia de raíces y pertenencia

El título de la obra juega con el nombre del complejo residencial Morrisania Air Rights, conocido por sus siglas MAR, y con la diversidad de personas que habitan el vecindario. Su versión en inglés, From Every Shore —«Desde todas las orillas»—, amplía ese significado y alude a las distintas procedencias de quienes han encontrado un hogar en el Bronx.

La mujer con rolos ocupa un lugar central en la composición, pero el proyecto va más allá del retrato de una figura individual. La propuesta celebra a los residentes de distintas generaciones y la herencia cultural de una comunidad construida a partir de numerosas historias familiares y migratorias.

Para desarrollar la obra, Angurria y su equipo trabajaron junto al artista y organizador comunitario Fernando Ortiz, originario del Bronx, y a representantes de la comunidad residencial. Durante varios meses se realizaron encuentros y talleres con habitantes del complejo, jóvenes y miembros de la asociación de residentes, cuyas experiencias contribuyeron a definir el concepto artístico.

El proyecto fue encargado por la organización de arte público ArtBridge, con el apoyo del M·A·C VIVA GLAM Fund y del Public Housing Community Fund. La producción correspondió a Monumental.do, el estudio especializado en arte público a gran escala vinculado a Angurria.

 

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El resultado es una obra que transforma una superficie arquitectónica en un espacio de representación colectiva. No se trata únicamente de decorar un edificio: el mural busca que quienes viven allí puedan reconocer sus propias historias en una imagen visible desde distintos puntos del vecindario.

La intervención también tiene un significado especial para la comunidad dominicana del Bronx, una de las más numerosas e influyentes de la diáspora quisqueyana en Estados Unidos. Una estampa nacida en los barrios de Santo Domingo adquiere así una nueva vida en una ciudad donde millones de personas mantienen vínculos con sus países de origen.

 

Angurria: el artista que convirtió el barrio dominicano en un lenguaje universal

Detrás de Angurria está Néstor Omar García, diseñador gráfico, publicista, ilustrador y artista visual dominicano, criado en Los Alcarrizos. Su trayectoria resulta especialmente interesante porque no siguió el camino convencional de muchos artistas plásticos: pasó cerca de dos décadas trabajando en agencias publicitarias antes de dedicarse al muralismo, una actividad que comenzó a desarrollar cuando tenía 36 años.

Durante su etapa en la publicidad empezó a preguntarse cómo podía representar visualmente a República Dominicana sin recurrir a los símbolos turísticos más habituales. La respuesta estaba en su propia memoria: las escenas de barrio que había observado desde niño, los objetos domésticos y los personajes anónimos que forman parte de la vida cotidiana.

 

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Su madre tenía un salón de belleza en Los Alcarrizos y allí conoció una de las imágenes que terminarían definiendo su identidad artística: las mujeres con rolos en el cabello. Aquella estampa, tan familiar para generaciones de dominicanas, se convirtió en un motivo recurrente de su obra.

Angurria encontró en esos pequeños detalles una forma de hablar de la identidad nacional sin idealizarla. Sus personajes no necesitan monumentos históricos ni vestimentas folclóricas para representar lo dominicano. Basta una mujer en rolos, una silla plástica o unas chancletas para evocar un universo cultural compartido.

Según ha explicado en entrevistas, su interés consiste precisamente en descubrir el valor artístico de aquello que suele pasar inadvertido. Su trabajo parte de la experiencia personal, pero conecta con recuerdos que muchas otras personas reconocen como propios.

 

Algunas de sus obras y proyectos más conocidos

 

1. Doña Patria

Esta serie constituye uno de los ejes más reconocibles de su producción. La mujer dominicana ocupa el centro de la propuesta, representada a través de gestos, peinados y escenas de la vida cotidiana. Los rolos funcionan como una señal de identidad y como homenaje a las mujeres que sostienen la vida familiar y comunitaria. La figura que ahora domina la torre del Bronx prolonga ese universo visual.

2. El mural dominicano en Washington D. C.

En colaboración con la Embajada de la República Dominicana, Angurria realizó una intervención mural presentada como el primer mural dominicano de su tipo en la capital estadounidense. El proyecto contribuyó a proyectar elementos de la cultura nacional en un espacio público internacional y anticipó la dimensión que alcanzaría su trabajo posterior.

3. El mural de la hermandad dominico-jamaicana

En Kingston, Jamaica, desarrolló una obra dedicada a los vínculos culturales entre República Dominicana y Jamaica. La intervención amplió su exploración de las identidades caribeñas y de los elementos que conectan a sociedades con historias distintas, pero próximas por su geografía y sus intercambios culturales.

 

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4. Monumental.do y el arte público a gran escala

Además de su trabajo individual, Angurria impulsa proyectos de arte público a través de Monumental.do, una plataforma dedicada a intervenciones de gran formato. Esta vertiente de su carrera permite llevar el lenguaje visual dominicano a fachadas arquitectónicas y espacios urbanos, con obras que aspiran a integrarse en la experiencia cotidiana de sus comunidades.

Su trayectoria incluye también colaboraciones relacionadas con la película In the Heights , la cineasta Ava DuVernay y marcas internacionales como Major League Baseball, Adidas y Royal Caribbean. Esas experiencias han ampliado el alcance de un estilo que conserva sus raíces dominicanas incluso cuando se proyecta ante públicos de otros países.

 

El arte urbano como patrimonio cultural

El mural del Bronx representa un nuevo capítulo para un artista que ha demostrado que la cultura popular puede convertirse en materia de creación contemporánea sin perder su autenticidad.

En esta ocasión, el proyecto incorpora además una dimensión comunitaria especialmente importante. Los habitantes del complejo residencial no son solamente espectadores de la obra: sus experiencias y testimonios formaron parte del proceso que permitió concebirla. El resultado establece un vínculo entre la memoria de los inmigrantes, el espacio urbano y la representación de quienes muchas veces permanecen fuera de los grandes relatos oficiales.

La iniciativa también recuerda que el muralismo contemporáneo —además de embellecer paredes— puede servir para reconocer la diversidad, recuperar historias locales y reforzar el sentido de pertenencia de una comunidad.

 

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Para la cultura dominicana, la imagen de una mujer con rolos a casi cien metros de altura tiene una fuerza particular. Lo que comenzó en el salón de belleza de la madre del artista, en Los Alcarrizos, ha terminado convertido en una representación monumental de la diáspora caribeña.

Angurria ha conseguido que un elemento sencillo de la vida cotidiana trascienda su contexto original y dialogue con una ciudad que reúne personas procedentes de todo el mundo. Su obra demuestra que la identidad cultural no necesita despojarse de sus particularidades para alcanzar una dimensión universal: a veces, basta con llevarlas a una pared lo suficientemente grande para que todos puedan verlas.

 

 

 

 

 

Con información e imágenes de:

El Expreso de Nueva York

New York Real Estate Journal

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