Hoy se conmemoran 192 años del nacimiento del sueco Alfred Nobel: químico, ingeniero, inventor de la dinamita y fundador del célebre Premio Nobel. Más allá del estallido de sus inventos, su historia revela los matices de un hombre marcado por la ciencia, los negocios y la filantropía.
Mucho se lo nombra cada año para estas fechas, en que el mundo sigue expectante quién será galardonado en su especialidad científica, literaria o de activismo por la paz. Pero, quién fue en realidad el creador de los Premios Nobel?
Alfred Bernhard Nobel nació el 21 de octubre de 1833 en Estocolmo, Suecia. Fue el tercero de siete hermanos. Su padre, Immanuel Nobel, era ingeniero e inventor, y tenía su empresa dedicada a la metalurgia. Antes de la adolescencia de Alfred, la familia sufrió duros golpes económicos, lo que los obligó a mudarse a Rusia y más adelante a otros países de Europa occidental. Desde joven mostró aptitudes destacadas para la ciencia, la química y los idiomas.
La educación de Alfred fue privada, con tutores expertos que le permitieron desenvolverse en varios idiomas y familiarizarse con los campos técnico-industriales emergentes de su época, particularmente la metalúrgica y la química.
Carrera, descubrimientos e invenciones
Alfred Nobel montó su carrera en la confluencia de la química, la industria y la innovación. Para mediados del Siglo XIX, la minería estaba en peno auge en toda Europa, y el talentoso inventor se dio cuenta de que era más fácil romper la roca con reacciones químicas explosivas que a golpes de pico. También descubrió que era muy peligroso el transporte y la manipulación de ciertos compuestos, y por eso dedicó muchos años a tratar de obtener explosivos estables para que solo reaccionen (exploten) en determinadas condiciones.
Sus principales aportes en la química orientada a explosivos se pueden resumir en:
Año aproximado
Descubrimiento / invención
Importancia
1863
Mejoras al detonador para nitroglicerina.
Permitió un control más seguro de explosivos hasta entonces muy peligrosos.
1867
Patente de la Dinamita (mezcla de nitroglicerina absorbida)
Hizo más seguras y eficientes la minería y la construcción de túneles y carreteras.
1875
Inventa la Gelignita (explosivo más estable que la dinamita)
Un paso más hacia explosivos de mayor rendimiento y maniobrabilidad.
1887
Patente de la Ballistita (pólvora sin humo)
Desarrollo de tecnologías militares y civiles modernas al reducir el humo y mejorar la potencia.
Además, a lo largo de su vida obtuvo 355 patentes registradas en todo el mundo.
Un patrimonio abultado y el Premio Nobel
A medida que su fortuna creció –gracias a sus fábricas, empresas y licencias industriales–, Nobel empezó a reflexionar sobre cómo sería recordado. En 1888 circuló erróneamente su necrológica en un periódico impreso: “El mercader de la muerte ha muerto”, lo que lo impactó profundamente y motivó su voluntad de dejar un legado positivo, algo por lo cual fuese recordado de una manera diferente.
En su testamento, Nobel asignó la mayor parte de su fortuna para establecer los premios que hoy llevan su nombre y que reconocen a personas que “han conferido el mayor beneficio a la humanidad”.
Tras su muerte el 10 de diciembre de 1896 en San Remo, Italia, las primeras ediciones de los premios se entregaron en 1901.
Legado e importancia hoy
El nombre de Alfred Nobel está asociado mundialmente a la excelencia científica, literaria, de paz y de contribución social. Sin embargo, su vida también invita a reflexionar sobre la dualidad entre el poder de la ciencia para crear y destruir, y la responsabilidad que conlleva la innovación.
Los explosivos de Nobel contribuyeron al desarrollo material de la infraestructura del siglo XIX, pero también al armamento. Su decisión de redirigir su fortuna hacia fines filantrópicos marca un hito histórico: transformó una fortuna basada en tecnología explosiva en un estímulo para la paz, la ciencia y la cultura.
Con motivo del 192º aniversario de su nacimiento, la figura de Alfred Nobel recuerda a la Humanidad que la innovación tecnológica debe ir de la mano con la reflexión ética, y que el legado de un individuo puede cambiar de rumbo si así lo decide.
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