Una gesta aeronáutica inolvidable, en la que cuatro intrépidos aviadores españoles cruzaron el Atlántico a bordo del hidroavión Plus Ultra, desde Palos de la Frontera hasta Buenos Aires. Esta proeza, lograda cuando la aviación apenas despuntaba, fortaleció los lazos culturales entre continentes y precedió a otras aventuras legendarias en los cielos.
La aviación, con poco más de dos décadas de desarrollo tras el vuelo de los hermanos Wright en 1903, representaba un campo de exploración audaz en los años veinte. En ese marco, España buscaba proyectar su modernidad y reforzar vínculos con las naciones hispanoamericanas, con las tensiones coloniales en Cuba, Filipinas y Marruecos aún recientes. El rey Alfonso XIII y el gobierno de Miguel Primo de Rivera aprobaron la iniciativa, que emularía el viaje de Cristóbal Colón al partir desde el mismo puerto en Cádiz, más de cuatro siglos después.
Cuatro años antes, en 1922, dos aviadores portugueses —Carlos Viegas Gago Coutinho y Artur de Sacadura Freire Cabral— habían llegado a Brasil, pero tuvieron que recurrir a tres hidroaviones al haber sufrido sucesivas averías mecánicas. Esto hizo que la hazaña española fuese la primera en cubrir en una sola aeronave los miles de kilómetros oceánicos, y llegaron más al sur del continente.
Vale recordar que la siempre famosa hazaña de Charles Lindbergh —quien completaría su vuelo solitario sin escalas de Nueva York a París— sería un año después, en 1927, y marcaría otro hito en la conquista de los cielos atlánticos.
Un Dornier Wal adaptado para la aventura
El Plus Ultra era un hidroavión bimotor Dornier Do J Wal, de ingeniería alemana, pero fabricado en Italia por las restricciones impuestas a Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Con 17 metros de largo, 23 de envergadura y dos motores de 450 caballos en configuración tractora e impulsora, alcanzaba los 180 km/h.
A efectos de cubrir las largas distancias que debería volar, se equipó con tanques adicionales de combustible, un sextante con nivel de burbuja y un radiogoniómetro para navegación por señales costeras. La cabina era abierta, de modo que la tripulación quedaba expuesta a vientos, lluvias y frío. Obviamente, para esas fechas, ni se soñaba todavía con la posibilidad de vuelo autónomo.
La tripulación: cuatro intrépidos pioneros
El equipo estaba liderado por el comandante Ramón Franco, piloto y promotor de la idea —hermano menor de Francisco, quien años después gobernaría España con mano de hierro durante casi cuatro décadas. Lo acompañaban el capitán Julio Ruiz de Alda como navegante, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico, único civil, Pablo Rada, responsable de mantener la aeronave en funcionamiento durante las etapas extenuantes.
Durante las primeras millas de vuelo, fueron apoyados desde superficie por la Armada Española con dos buques, el crucero Blas de Lezo y el destructor Alsedo. Los tripulantes enfrentaron jornadas de 10 a 12 horas de vuelo continuo a bordo del Plus Ultra, lo que les exigió una alta resistencia física y mental.
El itinerario: un viaje en siete etapas
La ruta trazada, con escalas para reabastecimiento y reparaciones, seguiría aproximadamente el camino de los portugueses Coutinho y Cabral de 1922, pero se haría en una sola aeronave.
Esta travesía, con navegación sin asistencia, apenas con la ayuda de observaciones astronómicas y contactos por radio en las zonas de alcance, representaría un enorme avance en la aviación de larga distancia.
Así preparados, el vuelo partió el 22 de enero de 1926 desde las aguas de Palos de la Frontera, en Huelva, y culminó el 10 de febrero en Buenos Aires, tras 19 días, 10.270 km recorridos y 59 horas y 39 minutos de vuelo efectivo. De los cuatro tripulantes originales, solo tres desembarcaron en la capital argentina, dado que se decidió que el teniente de navío Juan Manuel Durán no volviese a embarcar en Praia (Cabo Verde) para aligerar el peso de la aeronave en la siguiente etapa, que sería la más larga por enfrentar.
Etapa
Origen
Destino
Distancia (km)
LLEGADA
1
Palos de la Frontera
Las Palmas de Gran Canaria
1.300
22 de enero
2
Las Palmas
Praia (Cabo Verde)
1.745
26 de enero
3
Praia
Fernando de Noronha (Brasil)
2.305
30 de enero
4
Fernando de Noronha
Recife (Brasil)
540
31 de enero
5
Recife
Río de Janeiro (Brasil)
2.100
4 de febrero
6
Río de Janeiro
Montevideo (Uruguay)
2.060
9 de febrero
7
Montevideo
Buenos Aires (Argentina)
220
10 de febrero
Enfrentando desafíos en los cielos del Atlántico
Las condiciones extremas incluyeron tormentas, fatiga acumulada y la necesidad de controles manuales constantes en una cabina abierta. Más allá de la reducción de peso en Cabo Verde, los fuertes vientos que enfrentaron bien avanzado el cruce del Atlántico, los obligaron a modificar el rumbo y a hacer una escala no prevista en la isla Fernando de Noronha, a unos 500 km de las costas de Recife —lo que iba a ser la llegada al continente americano. Allí descubrieron que quedaba muy poco combustible en los tanques, por lo que fue obligatorio repostar.
Luego de un descanso en Recife, el Plus Ultra se dirigió a Río de Janeiro, en un trayecto de 12 horas, ya sobre territorio brasileño. En esa ciudad, la tripulación fue recibida con entusiasmo, y ya la noticia de la travesía por el Atlántico era titular en todos los periódicos del mundo.
Por último, tras una escala en Montevideo (Uruguay), el Plus Ultra arribó a Buenos Aires el 10 de febrero.
Recepción en Buenos Aires
El amerizaje en la Costanera Sur ante miles de espectadores fue ovacionado; recibidos por el ministro de Marina Manuel Domecq García y el presidente Marcelo T. de Alvear, los aviadores disfrutaron de agasajos, conferencias y homenajes.
Aunque los planes iniciales eran continuar hacia Chile y regresar por aire, una orden gubernamental española truncó la vuelta aérea. El Plus Ultra fue cedido a Argentina como gesto de amistad, y la tripulación regresó por mar en el crucero ARA Buenos Aires. Los aventureros españoles llegarían a su patria el 5 de abril, para ser recibidos como verdaderos héroes.
La aeronave se exhibió en la Sociedad Rural durante varios días, y hoy reposa en el Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo en la ciudad de Luján. Años después se construyeron dos réplicas idénticas y funcionales del Dornier Do J Wal, que se exhiben en la base aérea de Cuatro Vientos, en Madrid y en el museo Dornier de Friedrichshafen, Alemania.
Trascendencia hispanoamericana
El impacto cultural de esta proeza superó lo aeronáutico y llegó hasta la música: inspiró la canción "La gloria del águila", con letra de dos autores españoles, y popularizada por Carlos Gardelen 1928. También se erigieron monumentos conmemoratorios de la hazaña en Buenos Aires y el gobierno argentino donó a España la figura del Ícaro, que hoy se exhibe junto al Muelle de la Reina, en La Rábida, a pocos kilómetros de Palos de la Frontera.
Esta hecho, protagonizado por aventureros del aire en épocas de una aeronáutica naciente, no solo visibilizó la aviación española, sino que simbolizó una conexión atlántica perdurable entre pueblos hermanos.
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